Esta situación es muy familiar para la empresa AWG, radicada en Melbourne. Como muchos otros fabricantes australianos la empresa no es capaz de competir solamente en precio contra los adversarios de ultramar. La empresa se centra entonces en la calidad y la variedad de posibilidades de diseño, como ventajas competitivas. Andrew Wickham, dueño y fundador de la empresa, está convencido que sin invertir en automatización e incremento de productividad, los pequeños fabricantes de muebles no sobrevivirán.